viernes

Divorcios a la japonesa

--Tod@s sabemos la clase de pendejadas que nos hacen cometer nuestras hormonas, feromonas, y demás sustancias químicas que secreta nuestro cuerpo. Cosas que hacemos con el único afán de acostarnos con alguien encontrar a nuestra alma gemela, y que muchas veces nos ocasionan diversas consecuencias como: penas, dolores de cabeza (sin albur ¬¬), ridículos, humillaciones, llantos, borracheras, crudas etc.
borrachos tomando pulque mala sensei

--En fin, por si todas estas cosas fueran poco, o por si no fueran suficientes todas esas pendejadas, un día decidimos hacer algo más, un día de esos en los que tenemos frío y queremos una cobija nueva abajo y una vieja encima, ese día pensamos en... ¡casarnos! Ó_ò

--Entonces ya sabemos como es ese gran día. La planeación comienza. Los preparativos se ponen en marcha y al fin llega la fecha marcada en el calendario. La fastuosa ceremonia religiosa se lleva a cabo en la capillita de la colonia para dar paso en seguida a... ¡la fiesta! Todo el pinche vulgo se reune en la cuadra de la vecindad donde viven los novios, la cual previamente cerraron al tráfico con la camioneta del padrino o de plano con unos bonitos y decorativos tanques de gas. La lluvia ha sido prevista instalando lonas que amarran a las varillas de las azoteas. Las mesas y sillas plegables de lámina que dicen "Carta Blanca" están a su máxima capacidad. Los comensales se disponen a degustar una serie de platillos que generalmente son cosas como tamales con mole o barbacoa acompañados de caguamas y cubas con Bacardí.

--Una vez satisfechos los gorrones, ¡llega la hora del baile! El reggaeton suena a todo lo que da, la salsa, las huarachas y la cu-cu-cu-cumbia no se quedan atrás. Los distinguidos invitados presumen sus pasos de baile, el teporocho del padrino dice unas palabras, la novia bien peda ya anda fajando con el amigo del novio, empiezan los madrazos, la policía... em... bueno ya... ya me estoy proyectando bien cabrón.

--El caso es que a pesar de la ilusión del matrimonio, del coctel químico que nubla sus mentes, del amor telenovelesco que invade sus calenturientos cuerpos... el amor acaba. El sentimiento se disipa por el tiempo, la costumbre, la rutina, el hastío, porque los engranes del destino giraron en sentidos distintos, porque las nubes negras del dolor oscurecieron sus vidas... en otras palabras porque la muy puta se puso como cerdo, y sin un buen cuerpo ya no fueron suficientes su insípida personalidad ni su vacío intelecto nutrido por años de "ventaneando" y "Laura de América".
gorda mala sensei

--Aunque las particularidades de la boda ficticia expuesta son propias de la naquez cultura y el folclore del mexicano, ningún país está exento del divorcio, y Japón -por supuesto- no es la exepción, de hecho los estudios revelan que a 1 de cada 4 matrimonios nippones se lo lleva el carajo, una de las tazas más altas del planeta. Viendo en esto una oportunidad para hacer negocio, un ex vendedor llamado Hiroki Terai inventó las ceremonias de divorcio allá en Japón hace aproximadamente un año, más concretamente en Tokio, en donde existe ya la llamada "mansión del divorcio". En dicho lugar se dan cita la pareja de novios, familiares y amigos de ambos, ¿para qué?, pues para celebrar la disolución de la relación mediante una ceremonia similar a la que los unió, sólo que esta vez es para poner fin al matrimonio. Por supuesto que estos divorcios tienen que ser de común acuerdo y en buenos términos, si no ¡imagínense! si fuera aquí de seguro empezarían las suegras a echar habladas e indirectas como:  "esa pinche fodonga no se merece a mi hijo", "que ese huevón como los pericos se queda dormido a medio palo" y un largo etc. para terminar en una madriza colectiva.

--Si bien una ceremonia de esta índole es muestra de la excentricidad de los japos, también da fe de su civilidad, ya que estas cosas serían casi imposibles en sociedades como la nuestra por cosas como las que expuse, y por otras más como el nivel económico de los ciudadanos, ya que uno de estos numeritos cuesta al rededor de $600 USD.

--La ceremonia consiste básicamente en que una vez reunidos la pareja, amigos y familiares en la mansión del divorcio, procede Terai a darle una pequeña plática a los aún novios para que no la caguen y se saquen sus trapitos al sol, después ya en la ceremonia en sí, da un discurso más en el que se explican los motivos de la ruptura aunque -claro- sin dar detalles embarazosos. Cuenta Terai que incluso en ocasiones algún invitado de honor dice un discurso propio para festejar la nueva libertad de la pareja. Una vez acabada la verborrea llega el momento cumbre de la ceremonia, que es cuando la pareja se dispone a aplastar el anillo de bodas con un mazo cuya cabeza tiene forma de rana debido a que este animal simboliza el cambio para los nippones. Los novios toman con sus manos el  mismo mazo (como cuando los novios toman un cuchillo para partir el pastel en las bodas de aquí), toman "vuelo" y golpean el anillo el cual después se "traga" otra rana, ahora de color rosa.
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"Rikon omedeto gozaimasu" Felicidades por su divorcio.


--Hasta el momento se han dado al rededor de 25 de estos divorcios a la japonesa y Hiroki Terai afirma que tiene 900 solicitudes en lista de espera, muestra de como a la cultura japonesa le gusta celebrar de igual manera inicios y finales. Debido al potencial del negocio está planeando exportar su idea a Corea del Sur.

--No cabe duda de que es una bonita y elegante manera de mandarse a chingar a su madre Ó_ò